¡Voy por los asesinos de mi hijo! , advierte madre de Erik Bolio en su entierro - PUEBLAROJA.MX

¡Voy por los asesinos de mi hijo! , advierte madre de Erik Bolio en su entierro



Melanie Isahmar Torres Melo
Aferrados al ataúd y en medio de un mar de lágrimas, Alba López y Luis Bolio se despidieron del cuerpo de su hijo, al que nunca más verán reír, con quien no podrán platicar más, y al que mucho menos podrán ver cumplir sus metas: tener una familia, hijos y triunfar como comunicólogo… ¿La razón? Los asaltantes de la Unidad 7 de la Ruta 27A le arrebataron a Erik la vida, y con ella, se fue la de sus padres.
¡Me lo arrebataron! ¡Me lo arrebataron! Gritaba desconsolada Alba López en el Panteón “Las Puertas del cielo” sección “El edén”, donde ya descansan los restos de su hijo, Erik Ernesto Bolio López, a quien le arrebataron la vida, los sueños, el futuro, por defender a una joven madre con su bebé en brazos que era agredida por los asaltantes que ingresaron al transporte público en donde viajaba la noche del 29 de abril.

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Fue un héroe, ¡Fue un héroe! Repetía doña Alba tratando de hallar consuelo; y es que su hijo siempre había velado por el bienestar de los demás, incluso por encima del de él mismo. Su bondad, su nobleza y su preocupación por los demás desató la furia de los maleantes, que le propinaron tres balazos: En la cabeza, en el cuello y en el pecho. La exclamación de su madre cobra sentido, Erik fue un héroe.
Las lágrimas no dejan de brotar de los ojos de Alba y Luis; comienzan las primeras palabras de un rosario rezado por una vecina de los dolientes, y a los pocos minutos la madre de Erik ya no puede mantenerse de pie, se acurruca en el féretro de su hijo y se aferra con fuerza a él ¡Me lo arrebataron! ¡Me lo arrebataron! Repetía una vez más.
Su esposo, don Luis, trata de consolarla, pero a él también lo invade el dolor, la tristeza, la rabia. Saca fuerzas de donde puede y abraza a su esposa para retirarla del ataúd; ambos se funden en un gran abrazo; un abrazo para compartir su pena.
Jessica Contreras está parada frente al ataúd del que había sido su novio por más de dos años, tiene los ojos hinchados de tanto llorar en los días previos, trata de contenerse; pero llega el momento de decir adiós para siempre al que había sido el amor de su vida; es ahí donde se desmorona… Jessica se aferra a la caja, llora desconsoladamente por varios minutos y finalmente le dice adiós, reiterándole su amor.

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La despedida es demasiado dolorosa para Alba, que no puede desprenderse de su único hijo, de su razón de ser, y vuelve a aferrarse al ataúd con los restos de su hijo; y es que para una madre jamás será suficiente el tiempo para despedirse de su hijo, y menos cuando éste les es arrebatado brutalmente.
“Voy a mover cielo, mar y tierra para que se le haga justicia a mi hijo” sollozó doña Alba, quien advertía que llegará hasta las últimas consecuencias para que la muerte de Erik no quede impune, “Más daño ya no pueden hacerme, porque muerta ya estoy… si me matan me harían un favor”, exclamó con profunda rabia y dolor la madre del joven al que le apagaron su luz a los 23 años.
Al culminar las últimas palabras del rosario todos los presentes se quiebran; familiares, vecinos, amigos, colegas, compañeros y la novia de Erik se abrazan, lloran, tratan de mantener la compostura pero el dolor es inevitable.
Llega el momento de bajar el ataúd a la fosa y 4 hombres toman los lazos para hacerlo; Alba no puede con tal hecho y trata de abalanzarse al ataúd, queriendo tomar el lugar de su hijo, acción que impiden sus familiares ¡Déjenme! ¡Déjenme! Exclama Alba mientras la envuelven en un gran abrazo familiar para evitar que efectivamente, quiera tomar el lugar de su hijo.

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Comienzan a caer los primeros puños de tierra, las flores, el féretro se cubre de cemento y la tierra que sepultaría a Erik es colocada por el trascabo, ninguno de los presentes puede creer el hecho, es la última vez que verán a su amigo, a su compañero, a su primo, su sobrino, a su novio… a su hijo.
“Mi hijo murió por la inseguridad que los gobernantes no han podido controlar en Puebla… Juro por la memoria de mis hijo que llegaré hasta las últimas instancias para que esto no quede impune… no voy a matar ni nada por el estilo, voy a buscar el diálogo, pero esto no se va a quedar así” exclamó don Luis Bolio a los asistentes tan pronto acabase el entierro de su hijo.
Luis también exhortó a los presentes a combatir a la delincuencia desde sus trincheras, para que ningún otro caso como éste vuelva a ocurrir “Busquen, por su lado, que se acabe la delincuencia, yo lo haré por mi cuenta”.
Todos sus seres queridos coincidieron en que Erik siempre estaba riendo, a Erik nunca se le vio triste, por ello, finalmente lo despidieron con un fuerte aplauso, un aplauso que expresaba el buen chico que había sido Erik en vida; el gran amigo, el gran estudiante, profesionista, el gran novio, el gran hijo… que ahora descansa en “Las puertas del cielo”, y no hablo del panteón, sino del lugar que Erik se ganó por sus buenas acciones.

Fuente: Contrastes de Puebla