Un violento robo se registró la tarde del jueves en inmediaciones de la Central de Abastos, en la ciudad de Puebla, donde un trabajador fue privado de la libertad por varios minutos y despojado de más de medio millón de pesos en efectivo.
De acuerdo con los reportes policiales, el afectado, empleado de un negocio de venta de jitomate al mayoreo ubicado en la Nave B, salió del local con la encomienda de realizar un depósito bancario por 510 mil pesos, producto de las ventas del día.
Sin embargo, en el trayecto fue interceptado por un sujeto que vestía sudadera blanca, gorra negra y cubrebocas, quien lo amagó con un arma de fuego. Acto seguido, lo golpeó en la cabeza y lo obligó a subir a un vehículo azul donde ya lo esperaban otros cómplices.
Ya dentro de la unidad, los delincuentes le colocaron una capucha para impedirle ver y comenzaron a intimidarlo. Bajo amenazas de muerte, le exigieron la entrega del dinero, mientras le hacían saber que conocían sus movimientos, su lugar de trabajo e incluso a su jefa, lo que hace presumir que se trató de un robo previamente planeado.
Tras apoderarse del efectivo y de su teléfono celular, los delincuentes lo abandonaron en calles cercanas, donde finalmente pudo pedir ayuda. El propio afectado tardó alrededor de 20 minutos en reportar lo ocurrido a los números de emergencia.
Paramédicos acudieron al sitio para valorarlo, determinando que presentaba golpes en distintas partes del cuerpo, aunque ninguno de ellos de gravedad, por lo que no fue necesario trasladarlo a un hospital.
Policías implementaron un operativo en la zona y comenzaron la búsqueda de cámaras de videovigilancia que pudieran haber captado el momento de la intercepción o la ruta de escape de los responsables. Sin embargo, trascendió que una de las cámaras cercanas no contaba con señal al momento del atraco.
Familiares y compañeros de trabajo del afectado llegaron posteriormente para brindarle apoyo y acompañarlo a presentar la denuncia formal ante las autoridades ministeriales.
Este caso vuelve a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de trabajadores que trasladan fuertes cantidades de efectivo, así como la posible filtración de información interna que facilita este tipo de golpes delictivos perfectamente dirigidos.














