La percepción de inseguridad en la capital poblana registró una disminución durante el primer trimestre de 2026, de acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI. El dato representa una señal positiva para Puebla, donde por años la inseguridad ha sido una de las principales preocupaciones de las familias.
Según el reporte oficial, la percepción ciudadana de inseguridad pasó de 84.5 por ciento en diciembre de 2025 a 81.5 por ciento en marzo de 2026. Es decir, una reducción de tres puntos porcentuales en apenas tres meses, cifra que incluso supera la media nacional, donde la baja fue de 2.3 por ciento.
Traducido al lenguaje de la calle, esto significa que menos personas sienten miedo en su entorno cotidiano. Menos ciudadanos consideran inseguro salir, caminar, trasladarse o realizar actividades normales en la ciudad. No es un tema menor: la percepción muchas veces refleja la experiencia diaria de la gente, lo que ve en su colonia, lo que escucha de sus vecinos y lo que observa del actuar de las autoridades.
Desde el gobierno estatal atribuyen esta mejoría a una estrategia basada en mayor presencia operativa, coordinación institucional y acciones focalizadas contra la delincuencia. También sostienen que existe trabajo conjunto con fuerzas federales, Guardia Nacional, Ejército, fiscalías y autoridades municipales.
En otras palabras, la apuesta oficial ha sido cerrar filas y evitar esfuerzos aislados. Cuando cada corporación jala por su lado, el crimen gana terreno. Cuando existe coordinación real, los resultados suelen reflejarse tanto en estadísticas como en percepción ciudadana.
El documento difundido señala además que la reducción del temor social coincide con una baja de 4.6 por ciento en la incidencia delictiva total durante el primer trimestre de 2026, comparado con el mismo periodo del año anterior. Asimismo, refiere disminuciones en 20 delitos de impacto social. Entre ellos se encuentran feminicidio, homicidio doloso, robo de vehículo, robo a transportista, robo a casa habitación, robo a negocio y robo a transeúnte.
Para una entidad como Puebla, donde el robo en carreteras, la violencia urbana y la operación de grupos criminales han generado preocupación constante, cualquier mejora sostenida en estos indicadores resulta relevante.
Otro de los puntos presumidos por las autoridades son recientes capturas de objetivos considerados prioritarios y presuntos integrantes de grupos criminales. En el informe se mencionan detenciones ligadas a estructuras delictivas como La Barredora, CJNG y la aprehensión de “El Bukanas”, personaje ampliamente identificado en la región del llamado Triángulo Rojo.
Estos golpes operativos tienen doble efecto: por un lado debilitan estructuras criminales; por otro, envían mensaje de autoridad. Cuando la ciudadanía observa que sí hay detenidos, cateos, decomisos y reacción institucional, suele recuperar parte de la confianza perdida.
No obstante, también es cierto que la percepción ciudadana es frágil. Un solo hecho violento de alto impacto puede revertir avances construidos durante meses. Puebla lo sabe bien. En esta entidad, ejecuciones, asaltos violentos o casos mediáticos suelen encender nuevamente la alarma social.
Por eso el reto real para las autoridades es sostener resultados en colonias, juntas auxiliares, carreteras y municipios. La seguridad debe sentirse lo mismo en el Centro Histórico que en las periferias, lo mismo en zonas urbanas que en corredores comerciales o industriales.
El ciudadano común no mide la seguridad en porcentajes. La mide cuando regresa sin miedo a casa, cuando abre su negocio sin temor a ser asaltado, cuando usa transporte público con tranquilidad o cuando sus hijos salen y vuelven sanos y salvos.
La ENSU hoy coloca a Puebla con una noticia favorable: el miedo bajó.